Tras la fortuna de compartir taller y experiencias a lo largo de una semana, durante la celebración del "III Simposio de Escultura de Vila Viçosa" al que habíamos sido invitados, seis artistas portugueses y españoles hemos dejado en la bella ciudad portuguesa una muestra de nuestra personal visión del mármol como receptáculo material de nuestras ideas.

La mía ha sido esta versión de la Diosa Ataecina, no demasiado conocida por nosotros a pesar de tener más de cinco mil años de antigüedad como Diosa Madre de los pueblos que habitaban la península Ibérica.
Es la Diosa del renacer, la primavera, la vida después del letargo invernal. En la antigüedad se representaba en pequeños cilindros de piedra o hueso en los que se labraba de forma humanizada y esquemática con grandes ojos,cejas, pelo largo y rizado, rasgos faciales y manos; también se encuentra en formas planas hechas con pizarra, que utilizaban como amuleto protector colgado al cuello. Con posterioridad, en la época romana, su idea se asoció a animales y plantas como la cabra y al ciprés.

En mi obra he unificado el cilindro inicial con las aportaciones posteriores, en una pieza de mármol de más de dos metros de altura y casi tres toneladas, que si bien no podrá ser portada como amuleto personal ni colocada en el altar de la morada, estará expuesta en espacio público ante los que a ella quieran recurrir como portadora de salud y protección.

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