
Fuente, de Marcel Duchamp, 1917 - "Mierda de artista", de Piero Manzoni, 1961
Parece que ya no extraña a casi nadie que nos presenten como obra de arte cualquier ocurrencia más o menos simpática enmarcada por el boato, sufragado con dinero público, de una opulenta sala de museo de arte moderno o galerÃa de arte “mega heavy vanguardistaâ€. La naturalidad con que nos acercamos a supuestas manifestaciones artÃsticas, a pesar de no apreciar en ellas el menor atisbo de emoción o interés alguno, suele ir acompañada de dos actitudes contradictorias según cada caso: una, la de tratar de ocultar nuestra total estupefacción ante lo que más bien parece una desfachatez superlativa, no sea que podamos parecer incultos o “descolgadosâ€, y la otra es aquella que nos impulsa a dar un paso más esforzándonos por asumir sin reservas que estamos ante el hecho más puramente artÃstico del momento..., o de todo momento si fuera menester.
A lo largo del siglo XX ha tenido lugar una gran proliferación de artistas desconocida hasta el momento, esto deberÃa alegrarnos en cuanto que el arte es un rasgo propio de todo humano, sin embargo puede enmascarar una devaluación de la figura del artista y del arte, al descuidarse el valor del aprendizaje y la racionalidad en favor de la improvisación azarosa y la “coherencia del absurdoâ€. La aparición de determinados conceptos teóricos asociados al momento de crisis general en la sociedad de final del XIX, genera nuevas e interesantes visiones del hecho artÃstico que vienen a enriquecer su panorama. Será algo después cuando la excesiva deriva hacia determinados aspectos del arte, excluyendo muchos otros, propicia su distorsión creando la consiguiente confusión no sólo en el espectador sino también entre los propios aprendices y autores del arte.
Claro que el arte no se enseña, en todo caso se descubre, el camino del arte debe ser encontrado, aún con ayuda, tras una intensa búsqueda personal en la que lo sublime asola a lo material. Diferenciar y apartar el arte de otros conceptos a menudo asociados a él, como mercado o éxito, se hace imprescindible para no incurrir en el abandono prematuro de la búsqueda ante el acomodo de lo inmediato y falso.
El artista necesita buscar incesantemente, por definición esto es asÃ, “llegar e instalarse†no es propio de un espÃritu creador porque, en ese caso, iniciarÃa un movimiento circular en el que no cabrÃa esperar nada más que la repetición de sà mismo
Claude Monet y los impresionistas, denostados en un primer momento por la academia, fueron la punta de lanza de una nueva visión del arte, origen de lo que habrÃa de venir. Los movimientos artÃsticos posteriores, enraizados en el apasionante empuje de los primeros “nuevos artistas†contagiados por el ambiente bélico que ahogaba a Europa, necesitaban reaccionar contra la imposición tradicional y lo hicieron de forma excluyente. Desde Tristan Tzara hasta Andy Warhol podemos establecer un hilo conductor a través del cual se observa cómo de forma gradual se va materializando la idea que las Vanguardias propugnaron y que se sintetiza en la frase: “el arte ha muertoâ€. Aunque obviamente la aniquilación del arte no es posible mientras exista el Hombre, no se nos escapa que padecemos un grave estado de desorientación que aqueja tanto al público -iniciado o no-, como a los mismos artistas, estado en buena medida propiciado por la beligerancia de los que han defendido la negación de todo arte que no se ajuste a los presupuestos de los ismos, abducidos por una única cualidad de entre las múltiples del arte,: “la provocación inéditaâ€.
Que el arte es un producto de la sociedad no parece ofrecer lugar a dudas, como es indudable también que nuestra sociedad opulenta se alimenta del derroche, la producción frenética y el consumo compulsivo. La tecnologÃa actual ha tomado el relevo de la máquina del pasado siglo en la producción de bienes a gran velocidad y mÃnimo esfuerzo. Por la misma razón primero sucumbió el artesano y más tarde el artista, al menos en su sentido primigenio, y ese es el quid, el concepto de artista ha sufrido cierta mutación que lo aleja de matices elementales y deseables en la producción artÃstica como: estudio, esfuerzo, sistema y honestidad.
Pero es en “el orinal†de Duchamp (1917) , sin que él pudiera imaginar su trascendencia, donde se localiza ese momento en que la inquietud innovadora habitual en estos artistas “rebeldes†se empieza a transforma en una carrera unidireccional donde la principal obsesión parece ser: conseguir sorprender más que el anterior, dando un paso más en el terreno de lo escatológico, macabro o irreverente.
Aunque ya con mÃnima relevancia, al haberse devaluado significativamente el aspecto principal de este arte, es decir lo “novedosoâ€; en Warhol se podrÃa establecer el “punto y final†en cuanto a la culminación del proyecto Dadá de decidida vocación anti arte. Más allá de este hito todo se reduce a la imitación, repetición y decadencia del movimiento original de las Vanguardias de principios del siglo XX.
A partir de ahà se ha creado una imagen tópica del artista: un ser distraÃdo que vive en otro mundo, a menudo con rasgos psicopatológicos,extravagante,con deficiente formación en todo lo que no sea arte, especialmente proclive a los excesos y no demasiado inteligente; no es de extrañar que asà se vea en demasiados casos, pues a la vista de sus obras es dudoso que ese retrato ande desacertado.
Mas es cuestión de tiempo y oportunidad, la fruta está al caer y los nuevos artistas darán ese paso que ya se hace necesario. El arte se debe reconciliar con la gente que sabe sentirlo, el artista no puede seguir siendo un obstáculo al querer ocultar sus carencias, simulando códigos inexistentes que crean confusión y frustración en el espectador. El hombre está hecho para el arte, el artista debe producir obras que estimulen la capacidad artÃstica innata de los no profesionales del arte, permitiéndoles disfrutar en la medida que cada cual esté en condiciones de alcanzar.
¡Ya no más “merda d’artistaâ€!, hay que promulgar otras propuestas, otras soluciones, otros lenguajes; reforzar otras alternativas posibles, basadas en el esfuerzo y autoexigencia del artista como trabajador honesto y libre, fuerza motriz y vanguardia real de la sociedad, contra toda forma de farsa o subproducto.
Pedro Roque Hidalgo
pedroroque.com